La Bicicleta y La Ciudad

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La Bicicleta y La Ciudad

Por Juan Carlos Salazar

Hoy mientras reparaba las bicicletas de mis hijos, no porque les den mucho uso sino por falta completa del mismo, comprendí algo muy importante. Mis hijos se perdieron por completo una etapa increíble de sus vidas, la etapa de la bicicleta, de la independencia y el descubrimiento de la ciudad. El conocer su ciudad, su entorno y por sobre todo a sus vecinos. 

Yo crecí en bicicleta, mi generación casi completa creció en bicicleta. Muchos de mis buenos amigos los conocí en bicicleta y recuerdo muy bien el día que aprendi a montarla. El Tigre Rocasermeño y su mama se encargaron que yo descubriera ese maravilloso mundo. Sí mi memoria no me falla, y mi geografía de niño no me engaña vivían en la colonia El Sauce en la zona 2, allá por los años entre 1975 y 1976. Una vez aprendí mi quedé enamorado de las ruedas. 

La bicicleta me dio mi primera experiencia con la ciudad. Primero fue la calle en donde vivía, después fue la cuadra, y más tarde, conforme la experiencia me iba moldeando, me aventaba a conocer toda la colonia. La edad me extendía mis fronteras y mas aún los amigos extendían mi ciudad. Toda expedición era más alegre siempre con amigos, y de esos que no dicen que no a nada, siempre tuve muchos. Y pensándolo bien talvez soy yo el que no decía que no a nada.

De la bicicleta me gradué a una moto, la que tampoco nunca dejé. La moto me llevó a los lugares más lejanos que nunca me imaginé, conocí la ciudad y me enamoré de ella. Claro después vino el carro y demás. No sé cuántas generaciones más después de la mía conocieron la ciudad igual que yo, lo que, si se es que muchos de los “millenials” y mis hijos, ya no conocieron ni la bicicleta ni la ciudad. 

Las próximas generaciones creo que conocerán otra realidad de la bicicleta y de la ciudad. Conocerán a la bicicleta como un medio de transporte y no como un juguete. No es por pasión ni afición, es porque el modelo de cómo nos movemos en la ciudad está al borde del cambio. El tráfico se incrementa día a día, el costo de estacionar seguirá subiendo año con año, tener carro será cada vez más caro y la bicicleta será el complemento perfecto a los dos pies con los que nacimos. 

Tenemos que pensar donde vivimos, donde trabajamos y donde descansamos. Las ubicaciones más deseadas serán las que estén dentro de un rango de movilidad en donde se pueda escoger como se desea mover, y no estar obligado a una sola opción.

No perdamos el valor de conocer nuestra ciudad en bicicleta, de hacer ejercicio mientras disfrutamos de la brisa en la cara. No perdamos el valor de vivir en la ciudad.

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En defensa de vecindarios de uso mixto

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En defensa de vecindarios de uso mixto

Por Christian Smith

El área metropolitana de la ciudad de Guatemala ha crecido más en los últimos 30 años que sus previos 200 años de historia.  Nuestra ciudad está creciendo y nunca volverá a ser aquella bajo la cual muchos crecimos y de cierta manera, muchos extrañamos. Nos guste o no, nuestra Guatemala está cambiando, a diario. Uno de esos cambios es el desarrollo vertical de su zona central, tanto para residencias como para comercio y oficinas. Muchos vecinos de zonas centrales, que hace 50 años eran exclusivamente residenciales, se resisten a aceptar que se construyan edificios de viviendas en sus vecindades y pelean a capa y espada que se construyan edificios de oficinas o se abran locales comerciales cerca de sus casas.

 

Los argumentos principales para tan férrea oposición se resumen en dos: tráfico y seguridad. Mete suficientes edificios, dice el argumento y lo que antes era un barrio tranquilo se convierte en un barrio congestionado donde salir y entrar se vuelve un infierno.  Oficinas son peores, gritan los vecinos,  afectan la seguridad del barrio porque atraen a todo tipo de personas desconocidas: mensajeros, secretarias, contadores, vendedores y asaltantes.

 

Estos argumentos, aunque se fundamentan en ejemplos claros: “Ayer me asaltaron entrando a mi casa.”, “ Hice tres horas de mi oficina a mi casa!”, están hechos por personas que no conocen otra realidad más que su presente ni otra vida más que la de su vecindario.  Tristemente, muchos nunca salen de su vecindario, aun cuando viajan al extranjero.

 

Las ciudades, desde su inicio hace más de 6,500 años, fueron siempre de uso mixto: calles donde la vivienda, el comercio y el lugar de trabajo estaban una al lado de la otra y en muchos casos, una encima de la otra.  Caminar hoy en día por ciudades que llevan más de 1,000 años de ser fundadas: Roma, Jerusalem, Londres, Paris, Cairo, etc, dan claro testamento de esto.  La razón es sencilla: todo tenía que estar a una distancia caminable.  No fue hasta la revolución industrial y el adviento del carro que la sectorización urbana cobro fuerza.  La migración de personas que la industria trajo a la ciudad, combinada con la facilidad del carro para recorrer grandes distancias en relativo poco tiempo y dinero facilitaron la explosión del suburbio: lugares lejos de las áreas productivas de la ciudad, destinadas únicamente a vivienda y accesibles únicamente con el carro.

 

Es esta sectorización la que nos ha dado el tráfico y el crimen y no, como muchos lloran, el desarrollo vertical de usos mixtos.

 

En cuestión de tráfico, solo es necesario preguntarle a quienes viven en Carretera al Salvador, que hasta hace poco era exclusivamente residencial, si esto les aminoro el tráfico.  El que cientos de personas se tengan que subir todo los días a un carro para llegar a su trabajo crea tráfico.  Punto.  El que cientos de personas tengan que subirse a su carro para regresar a su casa crea tráfico. Punto. Tener comercio y oficinas cerca de donde vivimos reduce el tráfico por la sencilla razón que nos da opciones.  Si bien es cierto que no todos podemos aprovechar esas opciones, cada opción que se nos abre, nos da una oportunidad más de poder aprovecharla.  Tal vez vivo en la zona 14 y la empresa para la cual trabajo está en la zona 12, tener oficinas cerca de mi no me ayuda.  Pero tener oficinas cerca de mi hace posible que existan diversidad de comercios en las plantas bajas, a los cuales puedo elegir llegar a ellos caminando o en bicicleta. Puedo elegir entre subirme al carro para ir al centro comercial donde compro el super de la semana o caminar al edificio de la esquina y comprar el super del día.

 

Y si, oficinas traen gente de afuera, lo que crea tráfico entrando y saliendo a las horas pico.  Pero si nosotros trabajamos en otra zona, no estaremos yendo en sentido contrario al resto? No estaremos saliendo a trabajar cuando las personas vienen a trabajar y viceversa.  Y si decido trabajar donde vivo, me debiera importar que se cree tráfico en mi vecindario si yo puedo optar por caminar al trabajo?  Y si decido irme en carro a mi oficina, o salir a hacer mandados en ese tráfico, no me tomará menos tiempo recorrer 500mts que lo que me tomaba antes 4km?

 

En cuestión de seguridad, solo es necesario ver las calles de zonas exclusivamente residenciales y las calles de zonas de uso mixto.  Las calles residenciales se caracterizan por estar desiertas de personas, lugares solos, donde asaltantes pueden acechar, como tigre a su presa, al primer peatón con el valor o la estupidez de caminar por ahí. En estas calles, los asaltantes están empoderados porque no hay nadie que presencie el crimen.   Las calles de uso mixto se caracterizan por lo opuesto, calles llenas de gente y vida.  En estas calles los asaltantes son, por mucho, la minoría y deben actuar con mucha mayor cautela.

 

En zonas residenciales, para protegernos del crimen, nuestrasolución es colocar garitas de seguridad con guardias y talanquera. Aunque eso ayuda a controlar el crimen no ayuda a aliviar el tráfico.  En zonas de uso mixto, para protegernos del crimen, nuestra solución es caminar donde hay gente y evitar entrar a callejones desiertos u obscuros. Ambas soluciones ayudan a prevenir el crimen, pero solo una ayuda a combatir el tráfico sin tomar en cuenta el beneficio económico.

 

Yo me siento mucho más seguro caminar con mi familia en las calles de la Antigua o en la Sexta de la zona 1, que caminar en las calles residenciales de la zona 14. Y pudiera apostar que lo mismo piensan muchos padres de las calles residenciales de la zona 14.   La seguridad no la dan los guardias y las garitas, nos la damos nosotros mismos.

 

Pero el mayor beneficio que un barrio de uso mixto otorga es que crea comunidades fuertes, comunidades con sentido de pertenencia.  Comunidades en donde los extraños se vuelven vecinos y en donde los vecinos se vuelven amigos.  

 

Es difícil conocer bien a un vecino si cada vez que salgo de mi casa lo hago en un carro.  Es difícil conocer al panadero si compro pan de una góndola y no de su mano.  Es difícil sentirme parte de una comunidad si mi realidad de esa comunidad se confina a la garita de mi colonia.  Es difícil exigir seguridad si yo no salgo a la calle a darla.  Es difícil quejarme del tráfico si yo manejo a todas partes. Es difícil aceptar el cambio. El cambio asusta, pero en realidad, los que abogamos por el uso mixto no estamos abriendo brecha a un futuro incierto, estamos regresando a un pasado exitoso.

 

El carro junto con la sectorización urbana no es la norma, sino más bien ha sido un experimento de 100 años con consecuencias nefastas para la calidad de vida urbana.  El tráfico no va a disminuir si seguimos pensando en zonas para vivir y zonas para trabajar.  Va a empeorar.  El crimen no se combate con escopetas y muros sino con comunidades fuertes y vecinos en las calles.   Nos tenemos que dar cuenta que ya no podemos seguir pensando como hace 100 años, sino más bien, tenemos que pensar de nuevo, como hace 6,500.

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Un experimento de movilidad en la Ciudad de Guatemala

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Un experimento de movilidad en la Ciudad de Guatemala

Por Erick Bonilla

Últimamente he sentido que tener un carro se ha vuelto una costumbre y no una necesidad, y no quiero que se me malinterprete, me encantan los carros. Personalmente me encanta manejar, me gusta revisar el motor del carro y saber una que otra cosa sobre cómo funcionan mecánicamente, y ¿a quién no le gustan? Son una maravilla moderna, cada vez son más cómodos, cada vez tienen más tecnología y con Tesla indudablemente en el horizonte, personalmente me emociona el futuro de los vehículos. También quiero aclarar que el análisis que he hecho en este texto es puramente personal, mucho se basa en mi opinión personal por lo que quizás no todo lo escrito aquí sea aplicable a todas las personas.

Sin embargo, como dice Mark Twain, “Cuando nos encontramos del lado de la mayoría es momento de parar y reflexionar”. Y es eso exactamente lo que hice en marzo de este año cuando al iniciar un nuevo trabajo en la zona 4 descubrí que el costo por alquilar un parqueo era de $100 mensuales. Por supuesto para un salvadoreño en Guatemala eso es inaudito, viniendo de un país adonde pagar parqueo todavía es algo que no se ve en el panorama, tuve que parar y reflexionar antes de considerar la opción de alquilar un parqueo. La idea de pagar $100 por parquear mi carro en un lugar a 5km de mi apartamento, cuando perfectamente estoy pagando un parqueo (indirectamente) en mi apartamento, el cual va a estar vacío y desperdiciado la mayoría del día.

Entonces comencé a analizar opciones. Hice una lista de los requisitos mínimos que necesitaba para mi opción de movilidad, y estos fueron: llegar de un lugar a otro en el menor tiempo posible, bajo el menor costo posible de manera segura y de ser posible disfrutar el camino. Irme al trabajo en bicicleta sonaba como la mejor opción, después de todo vivo a 5km de mi trabajo y la compra de una bicicleta se paga en máximo 2 meses con esa tarifa de parqueo. Sin embargo, viviendo en zona 15 tengo que pasar por el famoso “columpio”, el cual tiene una pendiente que ya he subido en bicicleta y aunque no es difícil, sí requiere energía la cual indudablemente me dejará sudado al llegar a mi oficina. Encima de eso la banqueta en ese tramo está plagada de postes y una ciclovía es inexistente. Esto obliga a utilizar la calle, lo cual es bastante peligroso con la cultura de los conductores, y peor en horas de estrés por tráfico. Agregando a todo esto que a mi esposa la incomodaba la idea de la bicicleta para el trabajo, la opción quedó descartada. Igual, terminé comprando una bicicleta, pero esa es una historia aparte.

El transporte público, aunque en algún momento se me pasó por la mente, quedó totalmente descartado ya que no cumplía con ninguno de mis requerimientos.

Entonces pensé en Uber, aunque había utilizado el servicio un par de veces por una u otra razón, no fue la primera opción en la que pensé debido a que, como muchos de ustedes estarán pensando en este momento, es demasiado caro. Fue entonces que mi fascinación por los números entró en juego, abrí mi hojita de Excel y comencé a hacer un par de cálculos basados en algunas consideraciones. Al terminar mis cálculos me di cuenta que la idea no era tan descabellada después de todo. Mis cálculos previos, que incluían el costo de alquiler de parqueo, gasolina y depreciación contra las tarifas de Uber, estaban financieramente muy similares.

Entonces decidí hacer la prueba de ir y regresar del trabajo solamente con Uber. Cuando lo comenté con mis amistades y familiar recibí un par de miradas de extrañeza, sin embargo, también de interés en el experimento. Mi esposa estaba “on board” con la idea y además había un beneficio adicional que hasta ese momento no había considera: si el experimento funcionaba no era necesario comprar un segundo carro. Sabía que iba a tener que explicarme muchas veces, pero estaba dispuesto a defender la idea o por lo menos la razón del experimento. Si el experimento era positivo los beneficios iban a ser muchos; después de todo lo peor que podía pasar era que iba a gastar mucho más de lo que tenía pensado.

Entonces procedí a utilizar Uber completamente desde el 1 de marzo al 31 de marzo para ir y venir de mi oficina. Entonces el 1 de abril me senté en mi computadora, abrí nuevamente mi hojita de Excel, la página de Uber con mi estado de cuenta y comencé a cerrar los números. Al terminar volví a hacer los cálculos y luego una tercera vez. El total de mis gastos de Uber (incluyendo uno que otro mandado entre semana desde mi oficina a la zona 10) para marzo del 2017 fue de $98.00. Esto no llegaba ni siquiera al valor del alquiler del parqueo, no se diga el costo de gasolina, depreciación o mantenimiento. Además, comencé a caer en cuenta de otros costos escondidos como lo son el costo de comprar un segundo carro y el pago de parqueo en la universidad. Estaba muy feliz con el resultado, así que decidí probar un segundo mes. Esta vez, y para sorpresa mía, el resultado fue mucho mejor. El costo para el mes de abril 2017 fue de $87.00, no podía estar más feliz con el resultado y sinceramente bastante sorprendido.

Claro que la utilización de Uber exclusivamente tiene otras implicaciones distintas a las financieras, tanto positivas como negativas, y para hacer un análisis completo es necesario analizar éstas también. Primero, miremos las implicaciones negativas. Como cualquier otro servicio de transporte, la disponibilidad de Uber es variable, en quizás 2 o 3 ocasiones me he topado con que no hay conductores disponibles, más que todo al salir de mi apartamento en zona 15 ya que no es una zona muy transitada por los conductores de Uber. Normalmente cuando pasan por zona 15 es porque vienen de dejar a alguien a Cayalá o porque fueron a dejar a alguien allí. Esto no es el caso de otras zonas como la zona 4, 9 y 10 ya que al ser zonas muy dinámicas, los conductores se mantienen cerca de esas áreas. Este tema se arregla programándose bien a reuniones y tiempos de llegada, programando pedir el Uber por lo menos 15 a 20 minutos antes de lo requerido. Por supuesto que siempre hay emergencias, pero en estos casos me he encontrado que siempre hay una mano dispuesta a ayudar.

También he tenido un par de experiencias negativas utilizando el servicio. En una de las ocasiones esperé al Uber demasiado tiempo, casi 30 minutos, solo para que el conductor se perdiera y al final cancelara el viaje. Tuve que pedir un nuevo Uber y en 5 minutos estaba ahí, esto es algo que Uber no puede controlar y que más de alguna vez puede suceder. En este caso yo no debía estar en un lugar con urgencia.

Las implicaciones positivas son varias. De hecho, hasta no escribir este texto no había realizado la existencia de todas estas. Primero, tememos no manejar, y como expliqué anteriormente, a mí me encanta manejar, aunque no en la ciudad. Manejar con tráfico puede ser una de las actividades más estresantes con las que nos enfrentamos todos los días. Segundo, tengo de 30 a 60 minutos más de tiempo libre al día que ocupo para leer (yo sé que para algunas personas es imposible, no es mi caso), escribirle a mi familia, ponerme al día con amigos o simplemente cerrar los ojos un momento y relajarme. Tercero, tener conversaciones de calidad con desconocidos, y por supuesto que no siempre tengo ganas de hablar con mi conductor de Uber, pero cuando he querido he tenido conversaciones muy interesantes.

En general, estoy muy feliz con el resultado. Realmente ha cambiado la manera en la que veo la ciudad y mi movilidad en ella, me permite disfrutar de momentos libres y puedo asegurar que ha mejorado mi calidad de vida. Todo eso sin incluir el beneficio económico, el cual es bastante bueno, pero viendo los beneficios se vuelve algo no tan importante. Los invito a tomarse un tiempo en su vida y pensar realmente qué es una necesidad y qué es una costumbre.

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NIMBY

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NIMBY

por Juan Carlos Salazar  

            Del acrónimo en inglés de “Not in my back yard”, usado como palabra el NIMBY es el ciudadano que se opone a los proyectos que serán desarrollados en las cercanías de sus viviendas. Es un síndrome muy común alrededor del mundo y Guatemala no es la excepción. Es un síndrome que se agrava cuando personas externas al sitio tienen intereses y se encargan de inseminar con exageraciones o ideas equivocadas.

            El NIMBY es el síndrome de los pobladores cercanos a nuevos proyectos de generación. Alguien les metió en la cabeza que los desarrolladores de estas plantas son gente mala y que les van a acabar la vida como la conocen. Les van a envenenar el agua. Les van a matar toda la naturaleza. Van a traer a gente de otros poblados, gente diferente a ellos. Gente con ideas diferentes. Gente con educación diferente.

            No es muy distinto lo que pasa con las poblaciones cercanas a la palma africana, la nueva planta cementera, o las ampliaciones de las carreteras. En todos los casos vemos una mezcla de los mismos elementos, aunque no siempre en la misma prioridad. Sin embargo, comparten elementos en común; el miedo a la gente y el miedo al cambio. Estos dos elementos son tierra fértil para que cualquier persona siembre miedo, o mejor dicho terror, en la mente de los pobladores. Tomar las armas y defenderse contra el maldito progreso es una labor de toda la comunidad. Queremos energía barata, pero que no construyan en nuestra área. Queremos trabajos que nos paguen mejor, pero sin que construyan la planta cerca de mí.

            Este es un problema de gente del campo. Es un problema de gente que no puede ver para enfrente. Son personas que se creen todo lo que les dicen. Son personas de poca educación. Mentira, mentira, mentira y mentira.

            Conozco dos casos en las zonas más prestigiosas y privilegiadas de la Ciudad, zonas de gente “educada” en donde los vecinos reaccionan de la misma forma. De los dos casos, participo activamente en uno. En el que no participo, y puedo contar, es el de un grupo de personas quiere o quería hacer un parque. Este grupo, apoyados por la Municipalidad de Guatemala, se topó con otro grupo de vecinos que se negaron rotundamente a la realización del parque. Hubo problemas de comunicación por parte de la Municipalidad, hubo problemas de concepto y seguro hasta hubo problemas con el nombre del parque. ¡Pero era un parque!

     De gratis me metí en las conversaciones de Facebook defendiendo mi opinión de por qué un parque es beneficioso para los habitantes de la ciudad. Exponerme y escuchar ideas contrarias a las mías es un ejercicio de crecimiento. Las respuestas fueron enormemente hostiles y las recibí sin problema pues las principales respuestas iban en la línea de tenerle miedo a otras personas, personas diferentes a uno. Sigo pensando lo mismo, que si todos fuéramos iguales sería bien aburrido.

            Para evitar estos problemas hay mucho que hacer.  Para los desarrolladores las reglas deben de ser claras y no sujetas a interpretaciones de los vecinos. Consecuentemente, la palabra de los desarrolladores debe de ser respaldada siempre por acciones positivas, que construyan futuro y no solamente presente. De la misma manera, las autoridades deben velar porque exista un beneficio para todos los involucrados.

            ¡O vamos en el tren, o vemos pasar al tren, pero por favor no nos paremos en el camino del tren!

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Nuestro espacio público

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Nuestro espacio público

por Christian Smith

El espacio público. Ese lugar que existe afuera de nuestras propiedades, donde todo puede pasar. Ese lugar donde transitamos para llegar de punto A a punto B. Ese lugar que es responsabilidad de la Municipalidad porque pagamos nuestros impuestos. Ese lugar al que no le damos nuestro cuidado pero al que si le exigimos nuestro derecho de uso. 

En Urbop creemos que ese lugar, si le damos la atención y el cuidado que se merece, se puede convertir en el lugar donde las personas se conocen, donde los vecinos se juntan, donde los niños juegan, donde las amistades se multiplican y donde las comunidades se fortalecen.

La Municipalidad de Guatemala ha hecho una excelente labor en ordenar, limpiar y mejorar el espacio público de nuestra ciudad. Es hora que le echemos una mano.  El espacio público no solo es responsabilidad de ellos, es de todos.   En Urbop, queremos ayudar.

Esta semana empezamos con nuestras intervenciones en el espacio público.  Estas intervenciones puntuales, tienen el propósito de mejorar el espacio público que nos rodea.  Ya sea limpiando, pintando, sembrando o simplemente proponiendo, queremos ayudar a crear un espacio público para todos: vecinos, peatones, ciclistas y carros.

Los invito a que vean el espacio público inmediatamente afuera de sus propiedades y se pregunten: si fuera mío, ¿que hiciera para mejorarlo?. Puede ser algo muy sencillo, como por ejemplo, cortar esa rama frente a su casa que fuerza a los peatones a agacharse cada vez que pasan por ella.  El punto es invitarlos a ver el espacio público con nuevos ojos.  Con la mentalidad que si ayudamos a mejorarlo vamos a ayudar a mejorar nuestra ciudad y eso, es algo que nos debiera importar a todos.  

Queremos tener una ciudad donde trasladarse seis cuadras se haga a pie o en bicicleta, pero no en carro.  Queremos tener una ciudad donde los niños no estén confinados al área verde de su edificio o a su academia de fút o baile. Queremos tener una ciudad donde vecinos conversen tranquilamente frente a sus hogares.  Queremos tener una ciudad, consciente y orgullosa de su espacio público.

Falta por llegar a esa ciudad, pero el camino está claro y bien señalizado.  Para llegar hay que empezar a caminar.  Nosotros vamos a dar el primer paso esta semana, ¿quién se apunta? 

 

 

  

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7 cosas que UBER va a cambiar en la Ciudad de Guatemala

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7 cosas que UBER va a cambiar en la Ciudad de Guatemala

por Ignacio Basterrechea

Desde ayer, 29 de septiembre de 2016, Uber Guatemala comenzó a registrar a sus choferes “Uber Drivers”. UBER en Guatemala va a ser una realidad antes de lo que nos imaginamos. Para las personas que no estén familiarizadas, UBER es una compañía de “car-sharing”. Personas que necesitan movilizarse solicitan a través de la app a personas que están dispuestas a llevarlos por un precio. UBER compite directamente con los taxis, pero tiene estos tres puntos que lo hacen mejor en Guatemala:

1. Seguridad:
Todos los choferes tienen que pasar una serie de evaluaciones legales, penales y psicológicas para poder registrarse.

2. Confianza:
El app se baja en calificaciones de tanto los usuarios “riders” y los choferes “drivers”. Si no te portas bien en el viaje y no te dan 3 estrellas o más UBER te saca del servicio para mantener la confianza de ambas partes.

3. Comodidad
Antes de subirte al carro sabes cuánto te va a costar. Se te cobra directamente a tu tarjeta de crédito al bajarte del carro por lo que es más seguro para ambas partes pues no se maneja efectivo.

En mi opinión, estos tres elementos resuelven muchos de nuestros problemas como guatemaltecos de usar los taxis con más regularidad. La comodidad de tener una opción más de movilidad en la ciudad es un beneficio para todos. Por lo que a continuación les quiero compartir 7 cosas que creo que UBER va a cambiar en nuestra ciudad.

1.  Menos contaminación. UBER pide que los carros no tengan más de 5 años de antigüedad. Nuevos carros son más eficientes y contaminan menos. Además, el chófer de tu UBER va a querer gastar menos gasolina posible, con el fin que los choferes de tiempo completo les salga rentable comprar híbridos.

2.  Las noches de fiesta serán más seguras. Salir a divertirte con tus amigos va a ser más divertido que nunca pues sólo te tienes que preocupar por pasártela bien. Al final de la noche, pides un UBER para que te lleve sano y salvo a tu casa.

3.   Vas a caminar por la ciudad un poco más. Todavía no sabemos las tarifas que va a cobrar en Guatemala, pero podemos considerar equiparables las tarifas de Ciudad de México. En CDMX el cobro mínimo por viaje que te cobra UBER es de MX$ 35 o el equivalente al cambio de hoy (30.09.16) a Q15.58. Según las mismas tarifas en la Ciudad de México, necesitas viajar 2.72kms para llegar a la tarifa mínima. Esos 2.72km caminando a 5km/h te estaría tomando una media hora caminando. Por lo que viajes de menos de 15-20 mins caminando estarías más dispuesto a caminar que tomar el UBER.

 4.  Vas a querer vivir más cerca de tu trabajo. Vivir cerca de tu trabajo se va a volver económicamente más rentable pues te puedes ahorrar el costo total de tu carro pagando lo mismo que pagas de parqueo. Si tu costo de parqueo por mes en tu oficina es de Q600 más un tanque de gasolina de Q200 al mes serían Q800 al mes solo de transporte al trabajo al mes. Si vives a menos de 4.5kms de tu trabajo tu tarifa sería aproximadamente de Q20 por viaje. Al final del mes estarías gastando los mismo Q800, pero sin haber tenido que comprar un carro.

5.  Vamos a comprar menos carros. Esto no quiere decir que vamos a dejar de comprar carros, pero es probable que se compren menos carros. Las familias se van a poder manejar con un solo carro. También, las familias con hijos adolescentes no van a tener que comprar carro para ellos. En Estados Unidos ya se está viendo esta tendencia, que menos millenials están sacando licencias a los 16 años. Los hábitos de los consumidores cambiaran de querer poseer a tener acceso al servicio.

6.  Se van a necesitar menos parqueos. Con la necesidad de menos carros, se va a necesitar menos parqueos. Especialmente en lugares de mucha acumulación como centros comerciales, oficinas o eventos especiales. Esto nos hará pensar cómo podemos reconvertir estos espacios en algo más.

 7.  La arquitectura va a cambiar. La importancia de lugares cómodos para bajarse del UBER va a ser algo que cambiará la forma en la que se diseñan los edificios. Los motor lobbies deberán ser más grandes para acomodar a más personas que llegan por UBER.

Estos son 7 cosas que creo que vamos a ver cambiar gradualmente en nuestra ciudad. Me emociona mucho poder presenciar cómo nuestra vida de ciudad va cambiando y cómo nuestra ciudad se va a ir adaptando a ella.

Bienvenidos sus comentarios sobre cualquier otro cambio que ustedes consideren que va a afectar nuestra ciudad.

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Una ciudad utópica con ciudadanos infelices

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Una ciudad utópica con ciudadanos infelices

por Marielle Samayoa

Una utopía es un lugar o estado imaginario ideal en cual todo se denomina como perfecto, si tan solo la sociedad también lo fuera. Si algo tenía claro desde pequeña era que mi país, Guatemala, y por lo tanto el mundo no estaba ni estaría conformado por una humanidad perfecta. Hace poco reafirmé este pensamiento al mudarme a Tokio en Japón durante seis meses. Una ciudad que, ante mi criterio era verdaderamente utópica. No obstante, Tokio se convirtió en una ciudad contraria a mi pensamiento inicial y en vez, Guatemala comenzó a resaltarme como una ciudad con una infinidad de más y diversas oportunidades. Este drástico cambio de pensamiento conlleva una larga explicación de la cual pudiera tomarme días en desmantelar, pero por ahora me gustaría compartir una pequeña parte de mi maravillosa y controversial experiencia en la cuidad más metropólita del mundo y cómo fue que en tan sólo medio año regresé a donde menos me esperaba: mi bella Guatemala.

Después de graduarme como arquitecta en el extranjero, decidí aceptar dos trabajos de pasantía en dos distintas y prestigiosas firmas japonesas de arquitectura. Comenzaría trabajando como “intern” con el fin de quedarme trabajando por más años en Japón. Siendo una persona que, curiosamente, vive plenamente cuando se encuentra fuera de su zona de confort, consideraba esta oportunidad como un sueño hecho realidad. Aparte, la arquitectura moderna japonesa siempre había sido de mis favoritas y de la que más añoraba en vivirla y aprenderla. Aun así, sabía que la experiencia que me esperaba en este país iba a ser uno de los retos más difíciles que enfrentaría en mi vida. Estaba preparada para trabajar horas demandantes y formar parte de una cultura totalmente diferente a la mía; pero el hecho que serían complementadas con una exposición hacia un tipo de arquitectura única y espectacular me convencían en emprender con este reto a ciegas. Y así lo fue; cada momento era inundado de experiencias y sentimientos encontrados que me retaron como persona tanto en el ámbito laboral como en aspecto personal.

Había estudiado y trabajado en cinco diferentes ciudades del mundo- Guatemala, Lyon, Boston, Berlín y Nueva York – las últimas cuatro en las cuales fui afectada por shocks culturales. Como consecuencia, estaba lista para sentir un shock más agresivo en Tokio, pues conllevaba una mudanza a un nuevo continente y a una cultura que desconocía. Sin embargo, mi llegada a la cuidad más grande del mundo, tanto en población como en expansión territorial, fue increíblemente fácil a pesar que no dominaba el idioma ni mantenía contactos de confianza en la cuidad. Sin comprender como ni por qué, me sentía familiarizada con la ciudad y sus sistemas. Esto fue lo que al inicio me causó asombro y placer, pues sentía que Tokio era verdaderamente una ciudad perfecta para su ciudadano. Es increíblemente avanzada, la infraestructura es eficiente para el usuario y lo más importante, el usuario la respeta; los servicios son de primera, el honor y reverencia, tanto en gestos como en conducta, entre ciudadanos reina entre sus calles y espacios urbanos. Nunca había estado expuesta a una conducta socio-cultural en la cual todo funcionaba bajo un estándar impecable.

Desafortunadamente, mi percepción de un Tokio utópico fue gradualmente cambiando mientras yo me sumergía poco a poco en su cultura y régimen riguroso de labor y de vida. Normalmente, mi transición con cada mudanza anterior era inicialmente retadora, pero conforme el tiempo pasaba me sentía más cómoda en el contexto nuevo en el que me encontraba. Tokio fue lo opuesto. Sentí una transición sutil y maravillosa pero que, mientras las semanas transcurrían se volvía más pesada. Inmediatamente entendí el por qué: en Tokio el ciudadano vive una verdadera infelicidad. Esto lo veía no sólo en los 70 suicidios promedios que diariamente se llevan a cabo, sino también en los “salaryman” durmiéndose todo el tiempo en el metro, trabajando 14 o más horas diarias, embriagándose después del trabajo y perdiendo los últimos trenes a sus casas por lo que se veían forzados a dormir en las calles. Esto genera poca convivencia familiar y social, adicional al legible sexismo entre hombre y mujer que desalienta a las mujeres emprendedoras (ni mencionar la falta de CEOs femeninos). De todos estos, el más lamentable era la falta de amor genuino entre la sociedad y su trabajo, familia o cualquier tipo de actividad rutinaria. No comprendía como era posible que Tokio, tenía todo lo que yo podía añorar en una ciudad, pero el ciudadano parecía sufrirla en vez de disfrutarla. Mis sentimientos encontrados se basaban en que me sentía contenta con la oportunidad y lo fascinante que era el país, el idioma, su folklore y tradición, pero la calidad y estilo de vida que la gente llevaba iba totalmente desalineada con la que yo deseaba tener.

Está claro que el trabajo es algo importante en la vida, pero no es necesariamente lo que nos tiene que definir. En vez, nosotros definimos nuestro trabajo con el aporte de nuestro liderazgo y múltiples talentos. Personalmente, considero que el trabajo debería de ser nuestro medio para expresar nuestros sueños y metas y por lo tanto emprenderlos para un bien común o mayor. En Tokio notaba como todo se hacía robóticamente por labor, bajo sombras jerárquicas, dominantes y oscuras que mantenían a los ciudadanos exhaustos y privados de una vida de libre expresión. Como resultado, yo misma participaba en este tipo de comportamiento, pues estando en un país lejano y totalmente desconocido me sentía vulnerable y, por ende, seguía las reglas como cualquier otro “Tokyoite”, intentando controlar las ganas de cuestionar y retar al sistema. Esto me llevó a un conformismo del cual yo nunca he estado de acuerdo. No lograba explicarme y comprender cómo era que me enamoraba de Japón y sus ciudades, pero simultáneamente me desmotivaba más imaginar mi vida allí.

Las horas intensas de trabajo (entre 13-16 horas diarias para ser exactas) me limitaban a conocer la ciudad a diario, por lo que los fines de semana (si es que no los trabajaba) lograba viajar y conocer un poco más. Como arquitecta, mis puntos de interés no eran necesariamente los más turísticos, sino en visitar los proyectos arquitectónicos que habían sido diseñados por los mejores arquitectos japoneses. Estas visitas fueron mis experiencias más memorables en este curioso país. Comprendí que los espacios cuidadosamente diseñados pueden completamente influenciar un comportamiento socio-cultural. La buena arquitectura puede inspirarnos a trabajar mejor, a pensar con más profundidad e inclusive a alentarnos en determinar metas más desafiantes y alcanzables. Los espacios de los que nos rodeamos pueden definirnos, y sin darme cuenta, estos espacios comenzaron a definirme a mí. Me fui enamorando más de la arquitectura como doctrina y fui identificando más mis metas a pesar que cada día sentía la vida rutinaria volverse más pesada en Tokio. Entonces, decidí que ese mismo amor por la arquitectura y el deseo de vivir y ayudar a proveer una mejor calidad de vida, consistía en regresar a Guatemala. Si lo que me mantenía motivada en Japón eran sus tejidos urbanos y espacios admirables, pero no el estilo de vida, sabía que en Guatemala se podía encontrar el balance ideal.

Las oportunidades para avanzar y contribuir para ver Guatemala crecer son vastas y prometedoras. Noto que hay un hambre voraz, especialmente en los jóvenes guatemaltecos de toda clase social. La motivación e iniciativa está presente en esta ciudad y creo que todos estamos dispuestos en tomar al país de la mano y llevarla hacia arriba. Tokio no es una ciudad utópica, así como Guatemala tampoco lo es; pero asombrosamente Guatemala tiene espíritu, expresión y un carácter genial. A pesar de mi fascinación con Tokio, creo que la solución no está en imitar este último como modelo en Guatemala, si no en tomar las oportunidades y crecer con ellas para fortalecer una identidad urbana. Como ciudadanos, debemos fomentar mejor arquitectura, mejor diseño, apoyar proyectos urbanos, ser partícipes de innovación y estar orgullosos de los avances que poco a poco van resaltando en esta ciudad. Los chapines admiramos, apreciamos, apoyamos y respetamos las cosas que amamos; y estoy clara que amamos nuestra ciudad. Es por eso que me pregunto, ¿Qué preferimos, una ciudad perfecta con ciudadanos infelices o una ciudad imperfecta con ciudadanos felices en busca de mejorarla?

 

 

 

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Las garitas y nuestra obsesión por la seguridad

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Las garitas y nuestra obsesión por la seguridad

por Juan Carlos Salazar

La seguridad es uno de las necesidades básicas que como seres humanos debemos satisfacer. En la escala creada por Abraham Manslow en 1943 la seguridad figura como el puesto número dos.

En Guatemala hemos sido golpeados por la seguridad por todos lados. Los delincuentes que por robarnos un celular o Q100 nos pegan un tiro provocando que todo extraño en la calle me parezca un delincuente que me quiere hacer algo. Los delincuentes que se entran a las casas y sin saciarse de vaciarla, golpean y humillan a los inquilinos, llevándose hasta los recuerdos de una vida tranquila. Los que entran a tiendas a robar y hacen que al resto de clientes nos traten como posibles ladrones. Los delincuentes de cuello blanco que nos ofrecen productos y servicios de calidad y a la hora de la entrega se desvanecen detrás del sagrado nombre de una corporación o peor aún detrás de sus empleados de primera línea.  Los delincuentes que se visten de padres de la patria para terminar de robar todo lo que los anteriores nos han dejado. Podría escribir el día entero de estos…nos ha tocado duro.

¡Y nos hemos protegido! Vaya que en Guatemala nos hemos protegido. Hemos construido verdaderas fortalezas. Muros de muchos metros de altura, con kilómetros de Razzor Ribbon y alambre espigado. Muro alrededor de la casa, alrededor del condominio y si podemos alrededor de la colonia. En la puerta de cada uno de los muros requerimos de una garita y en cada garita un guardia. Dos mejor. Tres si tengo que hacer que alguien cuide que no se roben el muro. Mientras más garitas y muros mejor. Mientras más guardias mejor. Mientras menos conozca a mis vecinos mejor.

Salimos de nuestros fuertes y nos subimos a nuestros carros. A toparnos en un tráfico que no da más miedo porque no hay más motos ni policías. Para esto polarizamos nuestros carros. Mientras más obscuro mejor. Nadie me ve. No veo a nadie. Con esos polarizados realmente no veo nada. Podrían ser cartones los vidrio que lo mismo da.

El tema de la seguridad me saltó hace algunos días que encontré que se estaba construyendo otra garita más en Vista Hermosa 2. Precisamente sobre la 23 avenida. Una calle que topa en un redondel, una calle que no va a ningún lado. Por eso mismo es aún más fácil cerrarla. Es más hasta lógico parece. Hay varios proyectos al fondo que tiene sus garitas. Viene un proyecto de casas que seguro tendrá sus garitas. Agentes de seguridad sobre agentes de seguridad.

Me temo que mientras más nos aislemos más nos exponemos.  Mientras más temamos del prójimo más rápido terminaremos de enemigos.

En alguno momento leí algún libro que me abrió la cabeza y me puso de frente al tema. Ojos en la calle. Pero ojo de vecinos no ojos de agentes de seguridad. Hay un rotulo en una agencia de seguridad en la zona 5 que dice: se contratan agentes de seguridad, contratación inmediata. Esos no me van a cuidar, ellos tienen hambre, y necesitan un trabajo.

Todos los días veo a una niña que seguramente ha de ser de la edad de la mía bajarse del bus en la zona 4. Nadie la espera. Se baja y camina sola por la calle hasta llegar a una cafetería en donde asumo que avisa que llegó. Después sube a su edificio. Mi esposa jamás dejaría que esto pasase. Pero ella no podría estar más segura. Todos la vemos y la cuidamos. No sé cómo se llama, pero desde que se baja del bus hasta que entra a su edificio está protegida por sus vecinos.

Y no hay garita. 

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Estimado Sr. Rubén Perez,

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Estimado Sr. Rubén Perez,

Guatemala, 13 de Abril de 2016 

Sr. Rubén Pérez

Departamento de Regulación de los Programas de Salud y Ambiente

Ministerio de Salud

Guatemala

 

Estimado Sr. Pérez:

Hace unos meses estuve en un desayuno donde su jefe anterior, el Lic. Mariano Rayo, trato sin mucho éxito el justificar su decisión de firmar y volver ley los Acuerdos Ministeriales: 7-2016, 8-2016 y  9-2016.  Según nos explicaba el Lic. Rayo, su decisión fue guiada por la misión que tiene su Ministerio de prevenir, más que curar,  las enfermedades que afligen a los guatemaltecos.  Leyes que busquen prevenir enfermedades serán de mayor beneficio para la población y para el presupuesto de la nación, nos explicaba él.  El ciudadano va a estar mejor si no se enferma y el presupuesto más sano si el gobierno no tiene que gastar en curarlo.  Es por ello que estas leyes exigen que los desarrollos inmobiliarios cuenten con agua potable para sus residentes como también sistema de drenajes y tratamiento de aguas residuales. No la vi venir cuando explicó que muchas de las enfermedades se debían a que gran parte de la población tomaba agua contaminada.  ¿Tomar agua contaminada lo enferma a uno? Quien lo iba a imaginar. 

Que el Ministerio donde usted trabaja no estuviera preparado en lo más mínimo para poner en marcha dichos acuerdos no le quitaba el sueño.  Que varias Municipalidades del país ya exigían los mismos requisitos  para otorgar licencias de construcción y que ya tenían la experiencia y la capacidad para procesar los cientos de expedientes que recibían mensualmente, tampoco le quitaba el sueño.   No le quitaba el sueño ya que por pura casualidad hubo cambio de gobierno y de Ministro de Salud días después de que él firmara los acuerdos.

Como ciudadano de este país estoy de acuerdo con la premisa del Ministerio de Salud en exigirle a los desarrollos inmobiliarios que provean de agua potable a sus residentes y traten las aguas residuales para que los siguientes desarrollos inmobiliarios puedan hacer lo mismo para los suyos.  Como desarrollador inmobiliario, vi como la irresponsabilidad de un Ministro y la ineficiencia burocrática de un Ministerio pararon en seco el avance de un  sector económico del país que da miles de empleos directos e indirectos, así como también millones de Quetzales en impuestos al fisco.

Le dirijo esta carta,  porque me entere que fue usted quien más lucho por que estos Acuerdos entraran en vigencia y permanecieran así aún siendo obvio que su Ministerio no tenía ni los recursos ni el personal para hacer cumplir con todo cuanto se establecía en los Acuerdos. Su insistencia imagino que nace, al igual que la del  Lic. Rayo, en prevenir enfermedades y proveer a todos los guatemaltecos de agua potable para beber. 

Es por esto que le pido tome esto en consideración: mientras usted y el Lic. Rayo se felicitaban por poner en marcha leyes que en efecto duplicaban los requerimientos exigidos por las Municipalidades, mientras ustedes frenaban un generador de desarrollo para el país y mientras ustedes ignoraban las consecuencias de sus actos, el mayor reservorio de agua potable de Guatemala estaba y está desapareciendo.  Desaparece a plena vista de todos los guatemaltecos y de todos los turistas que vienen a admirar su belleza. 

No puedo creer Sr. Pérez, que un Ministerio que profesa luchar por la prevención de enfermedades a través de acuerdos que exigen agua potable para todos, permita que la fuente de agua potable más grande del país y que abastece a más de 150,000 guatemaltecos, se pierda para siempre debido al ingreso constante de aguas servidas de más de 500,000 guatemaltecos. 

No puedo creer Sr. Pérez, que el Ministerio de Salud nunca haya brindado apoyo alguno alas entidades que están luchando desesperadamente por salvar los veinte y cinco mil millones de metros cúbicos (25,000,000,000 m3) de agua potable que esta fuente representa.    Para ponerle ese volumen en perspectiva, representa 8 veces el volumen de agua del Lago de Izabal. Mejor aún,  es suficiente agua para proveer por 18 años las necesidades diarias de los quince millones de guatemaltecos que habitamos en este país.  

No puedo creer Sr. Pérez que el Ministerio de Salud no haga nada y siga sin hacer nada mientras el lago más lindo del planeta muere lentamente. Mientras el agua de cientos de miles de guatemaltecos se torna intomable. Mientras la fuente de empleo para cientos de miles más deja de serlo. Mientras uno de nuestros mayores orgullos pasa a ser una de nuestras mayores vergüenzas.

Quiero creer Sr. Pérez que usted es un hombre que se dará cuenta de la gran responsabilidad que tiene su Ministerio y del poco tiempo que tiene el Lago de Atitlán.

 

Atentamente,

 

Christian Smith 

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La ciudad no son los edificios, es la gente.

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La ciudad no son los edificios, es la gente.

por Jaime Castillo

La ciudad de Guatemala no son los edificios, es la gente. Su esencia no es el concreto ni el acero, son las vidas de quien habitan en ella; sus deseos y sus sueños;  sus necesidades y sus demandas. Sin embargo, necesitan de un espacio físico para que se desarrollen: el entorno urbano.

Sin duda alguna, las mejores ciudades son aquellas que sobre todo, se ponen al servicio de la vida.

Vivo en Guatemala desde hace sólo dos años, pero no hay más que ojear el horizonte por un instante para darte cuenta que su urbanismo no está al servicio de la gente. Las eternas deficiencias urbanas como el tráfico, la seguridad, o la centralidad, son la clave hacia el éxito, pero a la vez los problemas más complejos de resolver. Requieren ser sistemáticos, ordenados y muy flexibles. Tres cualidades, que asociadas a la idea de “hacer ciudad”, nos dirigen a una utopía urbana con la que muchas veces hemos soñado.

Quizá para mí, el problema más atractivo es la centralidad de una ciudad; la activación urbana, la vida de barrio, en donde se enredan una multitud de trayectorias personales. Cuando hablamos de centralidad, hablamos de concentración de actividades residenciales, comerciales, educativas, culturales, etc. Huimos de la zonificación, de la sectorización, del condominio cerrado y del temor a la falta de seguridad que reina en Guatemala.

Esta ciudad soñada hacia la que poco a poco se dirige Guatemala, necesita de una metodología de actuación, de un urbanismo que se amolde a las condiciones existentes y un enfoque adaptativo para activar la ciudad en desuso.

Ya existe una necesidad que nos plantea la gestión de las políticas públicas y municipales, no solo el urbanismo en sentido estricto, sino a la realidad de espacios de oportunidad en desuso y la necesidad de activar cualquier recurso de la ciudad en abandono o no optimizado.

No hay que crear nuevos espacios que solucionen nuestra manera de vivir la ciudad, hay que recuperarlos.

Podríamos establecer una metodología básica de actuación: Localización de lugares con dificultades prácticas, análisis de sus dificultades prácticas y búsqueda de usos potenciales de cada uno.

Estos ESPACIOS SUSCEPTIBLES DE ACTIVACIÓN podrían ser lonjas o mercados de uso comercial sin actividad ni salida al mercado inmobiliario. Terrenos baldíos y espacios abiertos con diferentes grados de abandono. Espacios públicos totalmente funcionales y en buenas condiciones que puedan albergar actividades, instalaciones temporales y sirvan de punto de interés en la vida en la ciudad. Edificios industriales en desuso que puedan acoger actividades compatibles con su estado actual. Callejones y otros espacios residuales que, a pesar de su uso como espacio público, de tránsito y de disfrute, son escasamente utilizados por falta de iluminación pública, falta de mobiliario urbano, etc.,  y que con pequeños proyectos y otras intervenciones ligeras, puedan tener un mayor uso ciudadano. Mobiliario urbano en desuso, que pueda ser intervenido y modifique su uso, mejore su utilidad o cree nuevas posibilidades de utilización.

Todos ellos comparten una característica: son grandes recursos, capaces de devolver beneficios a la ciudad, ya sea de manera económica con actividades cívicas o dando forma a proyectos urbanos colectivos.

 

También existen otras variables  o dificultades a tener en cuenta. La escala de estos espacios dentro del entorno. Definir qué tipo de uso tendrá: comercial, industrial, residencial, etc. Su situación actual: están abandonados, subutilizados, u operativos. Si son de propiedad pública, privada o de uso comunal.

Son muchas las posibles FUNCIONES QUE PUEDEN ACOGER ESTOS ESPACIOS: arquitectura efímera, arte público, actividad física, exposición cultural, proyecciones visuales, prototipos de tecnologías y diseños, emprendimiento, actividades sociales, usos comerciales, arquitectura móvil, ocio, restaurantes, reflexión en espacios inesperados, producción cultural, huertos solares, sostenibilidad, mobiliario urbano, comercio minorista, huertos urbanos, calidad del espacio público, actividades colaborativas, servicios socioculturales, etc.

Pongámonos en el peor de los casos. En un mundo ideal, supongamos que llegamos definir un pequeño proyecto de activación urbana, por ejemplo un Mercado Gourmet o un centro cultural. Ya sabemos de quien es la iniciativa, quien regula, quien desarrolla, quien financia, quien gestiona, quien usa, quien cobra, quien mantiene, etc. Es decir, las cosas básicas para emprender un proyecto.

Después, el proyecto se lleva a cabo y fracasa totalmente: El proyecto no se está cumpliendo la función esperada, no sirve a la comunidad más cercana a la que pretendía servir, se muestra rígido a la hora de acoger usos complementarios, impide cualquier otro uso alternativo, sus propietarios no están recibiendo el retorno que esperaban o no consiguen financiación para hacerlo realidad.

Una manera clara de evitar esta situación reside en LA IMPORTANCIA DEL PROCESO MÁS QUE EL RESULTADO. El proceso sobre cómo activar un determinado espacio es el propio fin de este tipo de actuaciones. La mejor definición de urbanismo adaptativo incluye el proceso constante y las actuaciones temporales, ya que si fracasan, solo es cuestión de esperar un nuevo concepto que se adapte a las circunstancias del momento y lo reactive.

Llegados al punto de la puesta en marcha, las opciones pueden ser muy variadas. La Municipalidad puede plantear una apuesta estratégica muy fuerte, abarcando desde el inicio un gran número de espacios. Pero también, puede enfocar su planteamiento desde una perspectiva más realista a través de experiencias piloto, que en caso de resultar exitosas, faciliten el crecimiento orgánico de este tipo de actividades. Otras ciudades han tomado la iniciativa de convocar concursos urbanísticos con diferentes alcances, condiciones y resultados, ya sea por iniciativa municipal o de impulsores privados,  enfocados a la reactivación y exploración de espacios. 

 

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Nuestros caparazones urbanos

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Nuestros caparazones urbanos

por Cecilia Berberat

Los humanos nos caracterizamos por nuestra habilidad de razonamiento y nuestra necesidad de convivencia. Somos criaturas sociales. Con el pasar del tiempo hemos evolucionado tanto como individuos y sociedad, creando infraestructuras que facilitan y satisfacen nuestras necesidades básicas, por consecuencia hemos también creado barreras entre nosotros, que nos desconectan y aíslan.  Vivimos la mayoría de nuestro tiempo dentro de estas murallas urbanas creando una brecha entre nosotros como humanos y nuestro medio ambiente.  Estas observaciones me llevan a preguntarme cómo, a través del diseño, podemos recobrar el balance entre los miembros de nuestra sociedad y el espacio que nos rodea.  

La vida urbana nos ha llevado a vivir en espacios mucho más reducidos en comparación a las generaciones pasadas, pero nuestra planificación urbana e infraestructura no ha evolucionado al mismo ritmo  que nuestro crecimiento demográfico y necesidades actuales. Uno de los grandes desafíos de hoy en día es la adaptación de los espacios interiores de los edificios existentes para usos distintos.  La calidad de los espacios depende de la flexibilidad y adaptación a los tamaños que nos exige la vida urbana.

Con la reducción de los espacios vitales, el diseño de interiores se vuelve muy importante ya que cada metro cuadrado debe ser utilizado de una forma eficiente y además agradable de vivir.  Lo mismo ocurre con el espacio de oficina y comercial, por lo tanto el trabajo en conjunto del arquitecto y el diseñador de interiores es indispensable para lograr la optimización del volumen espacial así como el tratamiento superficial.

Heredamos la creencia que un espacio vital grande nos da mejor calidad de  vida. Sin embargo, en espacios pequeños bien distribuidos podemos logra una interacción sana que nos lleva a una vida más balanceada y feliz. Esta armonía en el espacio vital se traduce en una mejor interacción social y por lo tanto en una reducción de la agresividad en general.

 

“Happiness Only Real When Shared”  

-Christopher McCandless-


Podemos diseñar ciudades mejores donde lo urbano tenga una relación más balanceada con el sistema natural. El desafío de las ciudades del siglo 21 es entender que la naturaleza como las cosas hechas por el hombre deben estar conectadas.

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Vivir vs. Convivir

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Vivir vs. Convivir

por Luis Gordillo

Los Condominios

La creación de condominios se pinta como la idea de crear una comunidad, sin embargo esto es para nada cierto. 

Me he dedicado estas ultimas semanas a hablar con gente que vive dentro de condominios a preguntarle cuanta gente, que vive dentro de su condominio, conoce. Hay condominios de cientos de casas y la respuesta casi nunca es mayor que 2.

Sin embargo muchas teorías prueban que la vida en comunidad es mejor, incluso la gente de la Marroquín, por elitistas que les llamen, promueven la división del trabajo porque están conscientes que uno solo no puede hacerlo todo.

 

“Strength lies in differences, not in similarities” – Stephen R. Covey
 

Dentro de la ciudad de Guatemala se ha generado una necesidad enorme por la seguridad, esto nos ha llevado a encerrarnos detrás de muros perimetrales, ya sean rodeando condominios, o en nuestras propias casas. Nos hemos vuelto una ciudad introvertida, cada uno viviendo dentro de su propio mundo. No me sorprendería que la rutina de muchos fuera: Casa – Trabajo/Estudio – Centro Comercial (opcional) – Casa. De vez en cuando algún otro lugar para cambiar la rutina, especialmente fines de semana.

 

Las Comunidades

No es para culpar a nadie más que la cultura que hemos desarrollado y lo violento que poco a poco se ha vuelto el país, pero hace unos meses, poco después de terminar mis estudios, empecé a trabajar en esta empresa ubicada en 4º Norte, personalmente no me había asomado por acá más que a un par de conciertos en la ERRE.

Me llamaba la atención lo mucho que la gente hablaba de la zona, pero nunca me imaginé lo que sería ser parte de ella. A las semanas de estar trabajando, no solo conocía a la gente de los comercios; eran “cuates”, dentro de una calle peatonal, que a simple vista no se escucha como mayor cosa. La verdad es que sí es la gran cosa. Contar con una pequeña parte de la ciudad que no le da prioridad al carro, en donde realmente la gente es dueña de la calle tiene un impacto impresionante en el comportamiento y el vivir de la gente que forma parte de este espacio.

El desarrollo que se generó en los últimos años dentro de 4º ha logrado lo que muchos desarrollos, condominios, etc. Han buscado por años, crear una comunidad.

 

Un par de diferencias

Vivir y convivir son 2 cosas muy diferentes. La rutina de ir a casa, trabajar y de regreso es algo con lo que nos enfrentamos todos los días, lo tenemos programado y salirse de esa rutina significa enfrentarse al tráfico. Sin embargo seguimos viviendo, y llegamos tan cansados a nuestras casas que pensar en hacer algo más es exhaustivo. Los papas pasan poco tiempo con sus hijos porque, no solo se la pasan trabajando todo el día sino que después de eso pasan horas en el tráfico. Las personas, incluso en sus propias casas, están aisladas del contacto humano.

Lo importante aquí es la diferencia que hacen las comunidades dentro del comportamiento y las actitudes de la gente hacia su entorno. Es más hasta hace poco menos de 1 año yo no tenía idea que era formar parte de una comunidad, tampoco sabía que era no llegar agotado a mi casa y no querer interactuar con nadie. Nuestro contexto influye grandemente sobre como nos comportamos con la gente y las situaciones que nos rodean.

No quiero promover un lugar en específico, tampoco quiero predicar de un lugar perfecto, pero si demostrar que hay situaciones cuyo resultado, es una mejora en la felicidad de las personas y una mejor calidad de vida. Comunidades en las que la gente convive con su entorno y no solamente vive independientemente del mismo.

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Redescubriendo mi ciudad

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Redescubriendo mi ciudad

por Nicole Whitbeck

Solía creer que era una fiel amante de la ciudad, sin embargo cada vez que tenia oportunidad salía huyendo  de ella. En mi mente pensaba que conocía todo sobre ella; calles, zonas, restaurantes y lo que ofrecía a sus habitantes, sin pensar que solo eran las típicas áreas comerciales que todos frecuentamos. 

Con el tiempo me di cuenta de lo incorrecta que estaba. Hace unos meses, me tocó regresar a 4grados norte después de tanto tiempo. Lo único que recordaba era que algunos años atrás visitaba la zona con mi familia y tenia muy buenos recuerdos ahí.

Recuerdo que de pequeña iba a almorzar la mayoría de los domingos a la famosa calle peatonal, como típica tradición familiar. Con el tiempo paramos de ir y mi mente se dejo llevar,  dejo llevar por lo que decían los demás sobre el área: una zona pérdida y peligrosa. 

Ahora, sentada en el carro no tenia idea de como llegar ni que iba a encontrar. Nunca imagine que estaba por llegar a una zona con tanta vida y diversidad, y que esta haría que mi manera de vivir dentro de la ciudad cambiara.

Según muchos, me encontraba en una de las "zonas más peligrosas" pero en ningún lugar me había sentido tan segura, me encontraba en lo que yo creía era "la zona pérdida,"  pero a mi alrededor lo único que observaba era todo lleno de vida y gente caminando por todos lados. 

Durante estos meses, día a día conozco más sobre la zona y cada día encuentro más razones de regresar a la zona. ¿Pero qué es lo que hace tan especial esta zona? ¿ Porqueé al llegar uno no se quiere ir? ¿Será la calle peatonal? o ¿ Su opción de restaurantes diferentes a lo usual? ¿Será el ambiente de innovación, cultura y arte? Podría ser, cualquiera que sea la razón, lo único que estoy segura es que el sentido de comunidad que existe en esta zona no se encuentra en muchas otras zonas de nuestra ciudad. ¿ Por qué? Simplemente porque nos dejamos llevar por lo estereotipos y no salimos de nuestra área de confort para poder crear estas comunidades. 

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En rescate del espacio público

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En rescate del espacio público

por Katia Montenegro

En Guatemala vivimos en la eterna pregunta del huevo o la gallina, y en cuestión del uso del espacio público la cosa no varía demasiado. ¿Qué pasó primero?  La ciudad creció desmesuradamente y sin mayor planeación de espacios públicos, o nosotros temerosos de las circunstancias nos segregamos en burbujas comerciales/residenciales y por ello “no los buscamos”? Puede que sean ambos, pero lo cierto es que existe en nuestros barrios una enorme escasez de convivencia, y es precisamente en estos espacios donde la magia sucede.

Los espacios públicos van más allá de espacios-destino o recreacionales que pensamos casi inmediatamente como parques o plazas; espacios públicos son también todas las áreas de uso y acceso libre, como calles, aceras, arriates, parqueos, puentes etc., que tanto como los primeros, tienen la capacidad de ser excelentes destinos por sí mismos.

En la ciudad de Guatemala contamos con un sinfín de espacios públicos; varios activos, MUCHOS inactivos y otros potencialmente geniales. A menudo cometemos el error de suponer que muchos de ellos son mal administrados por las autoridades por encontrarse abandonados o con usos indeseables, pero que a ellas corresponde y no tiene relación alguna con nosotros los usuarios. Atribuimos a las circunstancias de inseguridad y a las fórmulas constructivas introvertidas y amuralladas nuestro comportamiento antisocial acorde, cuando en el mayor de los casos somos nosotros mismos con estas actitudes repetitivas e incuestionadas quienes propiciamos la permanencia de esta desafortunada situación.

En plena era de la información, fácilmente podemos identificar cómo ciudades similares a la nuestra (quizá ya un poco más adultas) han trasgredido el mito del muro seguro o del condominio vertical. Vemos un D.F. revitalizando barrios completos a puerta abierta y una Bogotá bastante más segura con diversas ofertas públicas para todos y con tanta más libertad. Podemos concluir que hoy, en nuestro caso,  el verdadero problema radica en el aún escaso  involucramiento por parte de las personas para convertir estos espacios en verdaderos lugares, y a esos vecinos desconocidos en verdaderas comunidades; es esta apatía la que ahora nos toca confrontar.

Un espacio, o mejor dicho, un lugar público revitalizado implica la presencia de personas haciendo uso positivo del mismo. Es un destino con propósitos y atractivos que funcionan como puntos de convergencia y de convivencia comunal, donde suceden intercambios de ideas, actividades y recreación.

Los cafecitos, las tiendas y servicios a nivel del peatón, las plazas abiertas y espacios en donde sentarse para ver a la gente pasar. Estos lugares donde todos velan por el bien y el sustento de su entorno y de sus vecinos, protegiendo su sentido de pertenencia, son estos los lugares donde se generan las comunidades saludables y sostenibles que tanto necesitamos.

A medida que la ciudad crece, la necesidad de densificar las zonas centrales se hace cada vez más evidente, pero no por ello podemos continuar con actitudes conservadoras tradicionales y patrones constructivos invasivos que, lejos de promover, desincentivan la aproximación peatonal y niegan la vitalidad urbana. Estas áreas que hoy todavía se dan por inútiles o poco productivas, adquieren cada día un mayor valor y son cada vez más deseables y atractivas para el mercado inmobiliario.

Ya es importante considerar como urgente que todos adoptemos un poco de este compromiso, ya sea creando propuestas proyectuales mas amigables al entorno humano, o simplemente apoyando iniciativas en pro de la causa.

Es imprescindible para reapropiarnos de nuestra ciudad que todos, de una u otra forma, nos informemos y participemos en reactivar positivamente nuevos espacios públicos, y que no desaprovechemos las oportunidades para generarlos cuando se nos presenten. Considero que así como las ciudades son tal vez  el mejor invento del ser humano, los espacios públicos son su herramienta esencial para mejorar nuestra calidad de vida y, consecuentemente, de las mejores herramientas para potencializar nuestro desarrollo colectivo.

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La tecnología, una comunidad diferente

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La tecnología, una comunidad diferente

por José Juan Quintero

Muchas veces escuchamos a gente hablar sobre como la tecnología poco a poco esta erradicando el sentido de comunidad en las personas y como todos ahora están siempre pegados al teléfono y no disfrutan la vida y todo lo que ofrece. Pero, que tal si vemos mas allá de esto, que tal si nos enfocamos en el gran ejemplo de comunidad que la tecnología nos brinda.

Creo que el sentir y ser parte de una comunidad es muy importante y saludable. Así como la interacción con las personas y con los alrededores. Pero también creo que la tecnología nos ha ayudado a evolucionar nuestro sentido de comunidad. ¿Como?

Si pensamos en los tiempos pre-internet, donde si eras la única persona con un hobby o interés específico, literalmente eras el único. Tu comunidad no tenia medios de expansión por lo tanto no tenias manera de conocer e interactuar con personas que compartieran tus gusto y opiniones.

Ahora pensemos en como la tecnología nos ha ayudado. Si tienes un hobby o un interés, que en tu comunidad o las personas con las que interactúas diariamente, no lo comparten, mediante a la tecnología tienes la posibilidad de conocer a alguien que comparte tus gustos e ideas. No importando tus intereses o preferencias, lo que sea de lo que estés hablando o pensando, ni donde te localizas geográficamente. Nunca estarás solo. Así mismo tampoco estas limitado por tu género, edad, o apariencia física, factores que hoy en día aún afectan.  

Habiendo tomado esto en cuenta, está la tecnología realmente afectando el tamaño de nuestra comunidad, o esta ayudándonos a expandirla? Lo que sí puedo asegurar, es que es un tipo diferente de comunidad. 

 

 

 

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Opinión de una millennial

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Opinión de una millennial

por Mariana Rodas

Diciembre, el mes más lindo del año, el mes de alegría, de celebrar y compartir con la familia. Sin embargo, Diciembre también trae el peor trafico del año. Yo no quiero pasar mi diciembre en el carro. Me rehúso a pasar 2:30 (o más) metida en el trafico, prefiero estar pasando tiempo con mis amigos y familia.

La pregunta del millón (la que me he querido responder): ¿Cómo hacemos para reducir el tiempo de transporte?

Una de las soluciones que está tomando fuerza en Guatemala es el desarrollo de proyectos de uso mixto en zonas centrales. Esta solución no es la única, pero es una tendencia que vemos está comenzando y considero que no se detendrá.

Existen muchísimas razones por las cuales en este momento el uso mixto comienza a hacer sentido, a continuación algunas que creo importantes,

La deseabilidad de regresar a la ciudad esta empujando el valor de la tierra.

 En el año 2013 salieron a venta 3,849 unidades de vivienda vertical dentro del municipio de Guatemala. Sin embargo, en el año 2014 salieron a venta 4,947 unidades. Esto representa un incremento del 28.5% en las unidades construidas dentro de la ciudad. Esta deseabilidad por mayor densidad dentro de la ciudad ha levantado el valor de la tierra. Por lo que el costo de la tierra se ha vuelto un factor determinante para los desarrolladores y estos han tenido que buscar diferentes modelos de desarrollo para poder realizar proyectos factibles y que la tierra no sea impedimento de no realizar dichos desarrollos.

 El frente comercial es MUY rentable

El objetivo del desarrollo de los proyectos de uso mixto es crear un espacio en el que los ciudadanos puedan mejorar su calidad de vida. Espacios donde puedan realizar sus actividades diarias de una manera más eficiente: teniendo el trabajo, la vivienda y su vida social en un mismo entorno. Esto despierta la importancia en la mejora de los espacios públicos.

Adicionalmente, los espacios comerciales en los edificios de vivienda y oficinas son espacios que ahora están siendo usados con sentido más allá de un requisito. Espacios que no sólo brindan un servicio o una amenidad que es utilizada por condómines y vecinos del sector, pero son rentables. Además del beneficio económico, estos espacios le dan carácter y personalidad al edificio.

La libertad de movilidad (derecho a elegir, opciones)

Por muchos años la ciudad se ha ido expandiendo para las afueras de la ciudad, alejándose cada vez mas, teniendo muchas consecuencias, especialmente problemas de transporte y tráfico. Estamos cansados de desperdiciar nuestra vida en el tráfico que nos encontramos en cada calle que transitamos. Vivimos en un país donde el tráfico no va a bajar. Por el contrario, ha aumentado a través de los años. 

Hay una tendencia en donde hemos observado que las personas han comenzado a buscar conveniencia, tener todo en el mismo lugar, donde puedan trabajar, vivir, estudiar, comprar y socializar todo en el mismo lugar. Con mayor importancia ubicaciones que tengan excelente conectividad con el transporte publico. La tendencia de este tipo de desarrollo, conocido como Desarrollo Orientado al Transporte DOT, reduce las distancias de desplazamiento de las personas. El desarrollo de estos proyectos en dónde las personas pueden caminar o usar una bicicleta para salir al supermercado o a ir a su oficina a cualquier hora del día, sin tener que calcular horas para llegar a tiempo. Esto es algo que la gente empezará a buscar a través del tiempo. Eliminando o reduciendo la necesidad de viajes largos en carro o transporte publico. Estos desarrollos crearan una ciudad funcional, compacta y eficiente.

La integración de todos estos espacios: trabajo, vivienda y comercio, dentro de un solo entorno, no sólo incrementa la productividad y rentabilidad de las tierras urbanas si no que también mejora la movilidad de los ciudadanos. Crea comunidades urbanas al proveer de una mejora a la calidad de vida de sus habitantes.

Seguramente los proyectos de uso mixto serán el futuro, para mi generación, de las ciudades. Es una tendencia que está empezando pero está para quedarse.

¿Qué tanto más disfrutaríamos la vida si tuviéramos la libertad de elegir cualquier otro medio de transporte fuera del carro para ir a tomar un café?

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El gran problema del tráfico vehicular y la ciudad de Guatemala

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El gran problema del tráfico vehicular y la ciudad de Guatemala

por Juan Carlos Salazar 

La constitución de la república de Guatemala garantiza mi derecho de movilidad. No garantiza la ausencia de tráfico, ni la velocidad de moverme ni mucho menos un lugar en donde estacionarme. “En ninguna constitución del mundo se garantiza el derecho de estacionar el carro”, frase de Enrique Peñaloza, ex alcalde y próximo alcalde de Bogotá, Colombia.

¨Cuando salgan los colegios el trafico va a bajar¨ decían hace tan solo unos días en la ciudad de Guatemala. El tráfico ya no bajó como todos lo esperábamos. Es más los últimos días este se ha incrementado de forma alarmante. Nos falta diciembre, mes de campanas, villancicos y bocinas. Nos guste o no el tráfico, la congestión vehicular es de los componentes principales de la ciudad y es a criterio muy personal el factor que más va a transformar la forma de vivir en la ciudades. Principalmente ciudades como Guatemala, en donde hay una demarcación muy fuerte entre los que tienen y los que no tienen.

Hay pocas acciones fáciles que podamos tomar para solucionar la congestión. Hay muchas ideas que aparentan ser nuevas en Guatemala pero al verlas implementadas en países mas desarrollados vemos como estas han fracasado. Calles de dos pisos, pasos a desnivel, vías rápidas, etc. Todas tiene un impacto temporal que se reduce con el transcurrir del tiempo, no sin el impacto negativo y permanente creado a la ciudad. Las soluciones que funcionan y que realmente reducen el trafico son las que duelen. Desgraciadamente así ha sido en las ciudades que han reducido su problema del transito. Hay varias de estas soluciones y quiero hablar de tres que últimamente he tenido en la mente.

Parqueos

Una de estas soluciones dio la cara los últimos días, aun no estoy claro si hay una nueva propuesta a una iniciativa vieja de ley de estacionamientos o si solo algún periodista la redescubrió. 

Aún que parezca un tema no asociado, los estacionamientos son un fuerte regulador del tráfico. El uso del carro o de la moto está condicionado por muchas variables, dentro de las cuales podemos encontrar pero sin limitarnos a, el precio de la gasolina, el costo de mantenimiento, los seguros y el estacionamiento. No hay estacionamientos gratis, incluso en la calle se paga a alguien por el "servicio". Proveer estacionamientos en centros comerciales, universidades, oficinas es muy caro. En estudios recientes realizados en URBOP hemos determinado que producir un estacionamiento subterráneo no cuesta menos de $15,000 (todo incluido). Es muy caro para poderlo ofrecer de gratis. Sin embargo considero que estos deberían de tener un mínimo de servicios como los son seguros y cámaras de seguridad. Claro que esto es algo que subirá el precio de los estacionamientos, esto es natural y es incluso esperado. Los estacionamientos y los colegios son los únicos negocios en donde no hay responsabilidad del servicio así que de uno solo aprovechamos a que al menos uno quede bien. El punto es que a mayor el precio de los estacionamientos mayor el incentivo a no usar el carro.

Prioridades

¿Pero no tenemos un derecho a trabajar y movilizarnos? Si, a ambas preguntas pero tenemos que cambiar. Recientemente una amiga publicó un comentario en Facebook donde se quejaba que ya éramos muchos, que había mucho tráfico. No sé que pretendía su propuesta, ¿Si sacar a los que no conocemos, o a los que nos estorban? No es un problema de número de personas es un problema de como nos movemos. En Guatemala la vía o el derecho de circulación la lleva primero los camiones, segundo las camionetas blindadas negras (empresarios y políticos que se sienten mas importantes que cualquier otro mortal), tercero los carros, cuarto los buses, y quinto las motos. Los ciclistas y los peatones son un problema que queremos eliminar que ni si quiera tomamos en cuenta en la escala de prioridades. Y acá radica nuestro problema real. Lo más importante en la vía publica es EL PEATÓN, segundo EL CICLISTA, tercero el transporte público y cuarto el carro particular. ¡Si cuarto! Último en el orden y sin prioridad a ninguno. Nuestra ciudad es cambiable, en su corredor central encontramos un plano completo. ¡La podemos atravesar mas rápido que los que demoramos atravesando la zona 10 en los últimos días!                                                       

Transporte público

Es cierto que en Guatemala el transporte público es fatal, pero no veo manifestaciones exigiendo un mejor transporte. El transporte público es el castigo de los que no pueden acceder a nada más, y no le hemos prestado la atención que requiere. Mientras más personas usen transporte público mayor será la presión del gobierno y la municipalidad de mejorarlo. Creo que nos hemos concentrado en la forma y no en la esencia. No es solo de camionetas, es de movernos. El tema es de camionetas, taxis, bicicletas y de cualquier otro método que me logre movilizar.  Hago la salvedad que la Municipalidad de Guatemala presentó ya la opción del Transmetro hace ya mucho tiempo y este que funciona. ¿Por que no seguir esta línea? ¿Por qué el gobierno central se encargo del Transurbano? Pero hay mas opciones: ¿mejores taxis? ¿O un servicio como UBER? En lo personal no usaría carro de contar con un servicio como UBER. Definitivamente más ciclo vías ayudarían. No digamos más personas caminando.

Hay más problemas, pero para cada uno hay una solución. 

 

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 ¿Conservar o no conservar, es esa la pregunta?

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¿Conservar o no conservar, es esa la pregunta?

Por Christian Smith

El 19 de Septiembre de 1947, el Congreso de la República,  a través del Decreto No. 425, ordena la creación del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala (IDAEH) con el fin de proteger el patrimonio: arqueológico, cultural, artístico, pintoresco, histórico, típico, natural (eso sí, solo si es belleza natural), monumental y…….hmmm………faltará algún otro adjetivo que ayude a generalizar más la protección……a sí, folklórico.

La creación del IDAEH en el año de 1947 es para mi, una noble propuesta.  Claramente es una de las responsabilidades del gobierno velar por la conservación, cuidado y promoción de sus sitios patrimoniales.  Pero tan entusiasmados estaban nuestros padres de la patria con su niño que le dieron poderes absurdos y responsabilidades ridículas.

Son tres los artículos que gritan ser revisados:

El Artículo 1 declara a todo cuanto lleve los adjetivos antes descritos como tesoro nacional, sea quien sea su dueño, y por ende, meritorio de la protección del estado.  ¿Así de fácil? Si, así de fácil.

El Artículo 2 procede a detallar cuales para el estado son objetos meritorios de su protección: Arqueológicos, Históricos, Típicos y Artísticos.  Son tan amplias y vagas las definiciones de cada uno que prácticamente todo bajo el vuelo del quetzal es digno de su protección.  ¡Pero no se limitan a proteger objetos! El IDAEH tiene la obligación de proteger a la población de lugares típicos y/o pintorescos.  Megapaca, tus días están contados.

El Artículo 3 prohíbe la: destrucción, reforma, reparación, restauración y cambio de sitio de los objetos antes mencionados sin la expresa autorización del IDAEH.  Tengo una tía que vio el techo de su casa desplomarse esperando a que la Protectora de nuestro Patrimonio le diera permiso de cambiar las vigas podridas de su techo.

Leyendo los amplios poderes que el Decreto 425 confiere al IDAEH es evidente que muchos no han sido más que poderes en papel.  

El IDAEH fracaso completamente en mantener el patrimonio pintoresco y típico de todos los pueblos del lago de Atitlán.  Hoy en día, casi todos son un monumento al block. Fracasando rotundamente en mantener la belleza natural del lago de Atitlán, que de seguir la contaminación como va, desaparecerá para siempre como un lago de aguas cristalinas. 

En lo que está haciendo un excelente trabajo es en declarar a diestra y a siniestra edificaciones privadas como objetos históricos. ¿Que es un monumento histórico para el IDAEH? Fácil, una edificación con más de 50 años.   Caer bajo la “protección” del IDAEH es condenar a un inmueble al abandono y al deterioro.  Sus dueños no pueden hacer nada con él debido a la intransigencia de sus protectores.  Peor aún, edificaciones que ya están en abandono y deterioro siguen protegidas por el IDAEH, creando sitios arqueológicos en plena ciudad. Sitios a los que nadie quiere entrar ni por los que nadie quiere caminar.  En vez de conservar un estilo arquitectónico, el IDAEH esta creando ruinas urbanas, despoblando barrios, destruyendo centros históricos.

Desde un punto de vista urbano estoy totalmente de acuerdo en proteger edificaciones que le den una ventana al pasado a futuras generaciones.  Edificaciones que contribuyan y continúen aportando a su población, ya sea a través de su arquitectura o de sus usos, pero edificaciones que sean de propiedad pública o religiosa.  Si el IDAEH quiere proteger una casa “histórica” en manos de un privado, que la compre.  Punto. Hasta ahí los poderes del IDAEH en cuanto Edificaciones Históricas y nada más.

Se debieran excluir de los tres artículos antes mencionados todas las edificaciones de propiedad privada.  Las Municipalidades están en una mejor posición que el IDAEH para motivar a propietarios a conservar edificios históricos, tanto por su influencia en el desarrollo urbano como por el otorgamiento de incentivos económicos y constructivos.  Un importante mecanismo utilizado por municipalidades alrededor del mundo para conservar edificaciones históricas es el de Transferencias de Edificabilidad.  Bajo este mecanismo se han conservado y protegido cientos de propiedades históricas sin que ello signifique un sacrificio para nadie.

Entonces, la pregunta para el IDAEH no debiera ser si se conserva o no se conserva una propiedad.  Debiera ser, ¿ si se compra o no se compra?

 

 

 

 

 

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