Por Christian Smith

El área metropolitana de la ciudad de Guatemala ha crecido más en los últimos 30 años que sus previos 200 años de historia.  Nuestra ciudad está creciendo y nunca volverá a ser aquella bajo la cual muchos crecimos y de cierta manera, muchos extrañamos. Nos guste o no, nuestra Guatemala está cambiando, a diario. Uno de esos cambios es el desarrollo vertical de su zona central, tanto para residencias como para comercio y oficinas. Muchos vecinos de zonas centrales, que hace 50 años eran exclusivamente residenciales, se resisten a aceptar que se construyan edificios de viviendas en sus vecindades y pelean a capa y espada que se construyan edificios de oficinas o se abran locales comerciales cerca de sus casas.

 

Los argumentos principales para tan férrea oposición se resumen en dos: tráfico y seguridad. Mete suficientes edificios, dice el argumento y lo que antes era un barrio tranquilo se convierte en un barrio congestionado donde salir y entrar se vuelve un infierno.  Oficinas son peores, gritan los vecinos,  afectan la seguridad del barrio porque atraen a todo tipo de personas desconocidas: mensajeros, secretarias, contadores, vendedores y asaltantes.

 

Estos argumentos, aunque se fundamentan en ejemplos claros: “Ayer me asaltaron entrando a mi casa.”, “ Hice tres horas de mi oficina a mi casa!”, están hechos por personas que no conocen otra realidad más que su presente ni otra vida más que la de su vecindario.  Tristemente, muchos nunca salen de su vecindario, aun cuando viajan al extranjero.

 

Las ciudades, desde su inicio hace más de 6,500 años, fueron siempre de uso mixto: calles donde la vivienda, el comercio y el lugar de trabajo estaban una al lado de la otra y en muchos casos, una encima de la otra.  Caminar hoy en día por ciudades que llevan más de 1,000 años de ser fundadas: Roma, Jerusalem, Londres, Paris, Cairo, etc, dan claro testamento de esto.  La razón es sencilla: todo tenía que estar a una distancia caminable.  No fue hasta la revolución industrial y el adviento del carro que la sectorización urbana cobro fuerza.  La migración de personas que la industria trajo a la ciudad, combinada con la facilidad del carro para recorrer grandes distancias en relativo poco tiempo y dinero facilitaron la explosión del suburbio: lugares lejos de las áreas productivas de la ciudad, destinadas únicamente a vivienda y accesibles únicamente con el carro.

 

Es esta sectorización la que nos ha dado el tráfico y el crimen y no, como muchos lloran, el desarrollo vertical de usos mixtos.

 

En cuestión de tráfico, solo es necesario preguntarle a quienes viven en Carretera al Salvador, que hasta hace poco era exclusivamente residencial, si esto les aminoro el tráfico.  El que cientos de personas se tengan que subir todo los días a un carro para llegar a su trabajo crea tráfico.  Punto.  El que cientos de personas tengan que subirse a su carro para regresar a su casa crea tráfico. Punto. Tener comercio y oficinas cerca de donde vivimos reduce el tráfico por la sencilla razón que nos da opciones.  Si bien es cierto que no todos podemos aprovechar esas opciones, cada opción que se nos abre, nos da una oportunidad más de poder aprovecharla.  Tal vez vivo en la zona 14 y la empresa para la cual trabajo está en la zona 12, tener oficinas cerca de mi no me ayuda.  Pero tener oficinas cerca de mi hace posible que existan diversidad de comercios en las plantas bajas, a los cuales puedo elegir llegar a ellos caminando o en bicicleta. Puedo elegir entre subirme al carro para ir al centro comercial donde compro el super de la semana o caminar al edificio de la esquina y comprar el super del día.

 

Y si, oficinas traen gente de afuera, lo que crea tráfico entrando y saliendo a las horas pico.  Pero si nosotros trabajamos en otra zona, no estaremos yendo en sentido contrario al resto? No estaremos saliendo a trabajar cuando las personas vienen a trabajar y viceversa.  Y si decido trabajar donde vivo, me debiera importar que se cree tráfico en mi vecindario si yo puedo optar por caminar al trabajo?  Y si decido irme en carro a mi oficina, o salir a hacer mandados en ese tráfico, no me tomará menos tiempo recorrer 500mts que lo que me tomaba antes 4km?

 

En cuestión de seguridad, solo es necesario ver las calles de zonas exclusivamente residenciales y las calles de zonas de uso mixto.  Las calles residenciales se caracterizan por estar desiertas de personas, lugares solos, donde asaltantes pueden acechar, como tigre a su presa, al primer peatón con el valor o la estupidez de caminar por ahí. En estas calles, los asaltantes están empoderados porque no hay nadie que presencie el crimen.   Las calles de uso mixto se caracterizan por lo opuesto, calles llenas de gente y vida.  En estas calles los asaltantes son, por mucho, la minoría y deben actuar con mucha mayor cautela.

 

En zonas residenciales, para protegernos del crimen, nuestrasolución es colocar garitas de seguridad con guardias y talanquera. Aunque eso ayuda a controlar el crimen no ayuda a aliviar el tráfico.  En zonas de uso mixto, para protegernos del crimen, nuestra solución es caminar donde hay gente y evitar entrar a callejones desiertos u obscuros. Ambas soluciones ayudan a prevenir el crimen, pero solo una ayuda a combatir el tráfico sin tomar en cuenta el beneficio económico.

 

Yo me siento mucho más seguro caminar con mi familia en las calles de la Antigua o en la Sexta de la zona 1, que caminar en las calles residenciales de la zona 14. Y pudiera apostar que lo mismo piensan muchos padres de las calles residenciales de la zona 14.   La seguridad no la dan los guardias y las garitas, nos la damos nosotros mismos.

 

Pero el mayor beneficio que un barrio de uso mixto otorga es que crea comunidades fuertes, comunidades con sentido de pertenencia.  Comunidades en donde los extraños se vuelven vecinos y en donde los vecinos se vuelven amigos.  

 

Es difícil conocer bien a un vecino si cada vez que salgo de mi casa lo hago en un carro.  Es difícil conocer al panadero si compro pan de una góndola y no de su mano.  Es difícil sentirme parte de una comunidad si mi realidad de esa comunidad se confina a la garita de mi colonia.  Es difícil exigir seguridad si yo no salgo a la calle a darla.  Es difícil quejarme del tráfico si yo manejo a todas partes. Es difícil aceptar el cambio. El cambio asusta, pero en realidad, los que abogamos por el uso mixto no estamos abriendo brecha a un futuro incierto, estamos regresando a un pasado exitoso.

 

El carro junto con la sectorización urbana no es la norma, sino más bien ha sido un experimento de 100 años con consecuencias nefastas para la calidad de vida urbana.  El tráfico no va a disminuir si seguimos pensando en zonas para vivir y zonas para trabajar.  Va a empeorar.  El crimen no se combate con escopetas y muros sino con comunidades fuertes y vecinos en las calles.   Nos tenemos que dar cuenta que ya no podemos seguir pensando como hace 100 años, sino más bien, tenemos que pensar de nuevo, como hace 6,500.

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