Por Erick Bonilla

Últimamente he sentido que tener un carro se ha vuelto una costumbre y no una necesidad, y no quiero que se me malinterprete, me encantan los carros. Personalmente me encanta manejar, me gusta revisar el motor del carro y saber una que otra cosa sobre cómo funcionan mecánicamente, y ¿a quién no le gustan? Son una maravilla moderna, cada vez son más cómodos, cada vez tienen más tecnología y con Tesla indudablemente en el horizonte, personalmente me emociona el futuro de los vehículos. También quiero aclarar que el análisis que he hecho en este texto es puramente personal, mucho se basa en mi opinión personal por lo que quizás no todo lo escrito aquí sea aplicable a todas las personas.

Sin embargo, como dice Mark Twain, “Cuando nos encontramos del lado de la mayoría es momento de parar y reflexionar”. Y es eso exactamente lo que hice en marzo de este año cuando al iniciar un nuevo trabajo en la zona 4 descubrí que el costo por alquilar un parqueo era de $100 mensuales. Por supuesto para un salvadoreño en Guatemala eso es inaudito, viniendo de un país adonde pagar parqueo todavía es algo que no se ve en el panorama, tuve que parar y reflexionar antes de considerar la opción de alquilar un parqueo. La idea de pagar $100 por parquear mi carro en un lugar a 5km de mi apartamento, cuando perfectamente estoy pagando un parqueo (indirectamente) en mi apartamento, el cual va a estar vacío y desperdiciado la mayoría del día.

Entonces comencé a analizar opciones. Hice una lista de los requisitos mínimos que necesitaba para mi opción de movilidad, y estos fueron: llegar de un lugar a otro en el menor tiempo posible, bajo el menor costo posible de manera segura y de ser posible disfrutar el camino. Irme al trabajo en bicicleta sonaba como la mejor opción, después de todo vivo a 5km de mi trabajo y la compra de una bicicleta se paga en máximo 2 meses con esa tarifa de parqueo. Sin embargo, viviendo en zona 15 tengo que pasar por el famoso “columpio”, el cual tiene una pendiente que ya he subido en bicicleta y aunque no es difícil, sí requiere energía la cual indudablemente me dejará sudado al llegar a mi oficina. Encima de eso la banqueta en ese tramo está plagada de postes y una ciclovía es inexistente. Esto obliga a utilizar la calle, lo cual es bastante peligroso con la cultura de los conductores, y peor en horas de estrés por tráfico. Agregando a todo esto que a mi esposa la incomodaba la idea de la bicicleta para el trabajo, la opción quedó descartada. Igual, terminé comprando una bicicleta, pero esa es una historia aparte.

El transporte público, aunque en algún momento se me pasó por la mente, quedó totalmente descartado ya que no cumplía con ninguno de mis requerimientos.

Entonces pensé en Uber, aunque había utilizado el servicio un par de veces por una u otra razón, no fue la primera opción en la que pensé debido a que, como muchos de ustedes estarán pensando en este momento, es demasiado caro. Fue entonces que mi fascinación por los números entró en juego, abrí mi hojita de Excel y comencé a hacer un par de cálculos basados en algunas consideraciones. Al terminar mis cálculos me di cuenta que la idea no era tan descabellada después de todo. Mis cálculos previos, que incluían el costo de alquiler de parqueo, gasolina y depreciación contra las tarifas de Uber, estaban financieramente muy similares.

Entonces decidí hacer la prueba de ir y regresar del trabajo solamente con Uber. Cuando lo comenté con mis amistades y familiar recibí un par de miradas de extrañeza, sin embargo, también de interés en el experimento. Mi esposa estaba “on board” con la idea y además había un beneficio adicional que hasta ese momento no había considera: si el experimento funcionaba no era necesario comprar un segundo carro. Sabía que iba a tener que explicarme muchas veces, pero estaba dispuesto a defender la idea o por lo menos la razón del experimento. Si el experimento era positivo los beneficios iban a ser muchos; después de todo lo peor que podía pasar era que iba a gastar mucho más de lo que tenía pensado.

Entonces procedí a utilizar Uber completamente desde el 1 de marzo al 31 de marzo para ir y venir de mi oficina. Entonces el 1 de abril me senté en mi computadora, abrí nuevamente mi hojita de Excel, la página de Uber con mi estado de cuenta y comencé a cerrar los números. Al terminar volví a hacer los cálculos y luego una tercera vez. El total de mis gastos de Uber (incluyendo uno que otro mandado entre semana desde mi oficina a la zona 10) para marzo del 2017 fue de $98.00. Esto no llegaba ni siquiera al valor del alquiler del parqueo, no se diga el costo de gasolina, depreciación o mantenimiento. Además, comencé a caer en cuenta de otros costos escondidos como lo son el costo de comprar un segundo carro y el pago de parqueo en la universidad. Estaba muy feliz con el resultado, así que decidí probar un segundo mes. Esta vez, y para sorpresa mía, el resultado fue mucho mejor. El costo para el mes de abril 2017 fue de $87.00, no podía estar más feliz con el resultado y sinceramente bastante sorprendido.

Claro que la utilización de Uber exclusivamente tiene otras implicaciones distintas a las financieras, tanto positivas como negativas, y para hacer un análisis completo es necesario analizar éstas también. Primero, miremos las implicaciones negativas. Como cualquier otro servicio de transporte, la disponibilidad de Uber es variable, en quizás 2 o 3 ocasiones me he topado con que no hay conductores disponibles, más que todo al salir de mi apartamento en zona 15 ya que no es una zona muy transitada por los conductores de Uber. Normalmente cuando pasan por zona 15 es porque vienen de dejar a alguien a Cayalá o porque fueron a dejar a alguien allí. Esto no es el caso de otras zonas como la zona 4, 9 y 10 ya que al ser zonas muy dinámicas, los conductores se mantienen cerca de esas áreas. Este tema se arregla programándose bien a reuniones y tiempos de llegada, programando pedir el Uber por lo menos 15 a 20 minutos antes de lo requerido. Por supuesto que siempre hay emergencias, pero en estos casos me he encontrado que siempre hay una mano dispuesta a ayudar.

También he tenido un par de experiencias negativas utilizando el servicio. En una de las ocasiones esperé al Uber demasiado tiempo, casi 30 minutos, solo para que el conductor se perdiera y al final cancelara el viaje. Tuve que pedir un nuevo Uber y en 5 minutos estaba ahí, esto es algo que Uber no puede controlar y que más de alguna vez puede suceder. En este caso yo no debía estar en un lugar con urgencia.

Las implicaciones positivas son varias. De hecho, hasta no escribir este texto no había realizado la existencia de todas estas. Primero, tememos no manejar, y como expliqué anteriormente, a mí me encanta manejar, aunque no en la ciudad. Manejar con tráfico puede ser una de las actividades más estresantes con las que nos enfrentamos todos los días. Segundo, tengo de 30 a 60 minutos más de tiempo libre al día que ocupo para leer (yo sé que para algunas personas es imposible, no es mi caso), escribirle a mi familia, ponerme al día con amigos o simplemente cerrar los ojos un momento y relajarme. Tercero, tener conversaciones de calidad con desconocidos, y por supuesto que no siempre tengo ganas de hablar con mi conductor de Uber, pero cuando he querido he tenido conversaciones muy interesantes.

En general, estoy muy feliz con el resultado. Realmente ha cambiado la manera en la que veo la ciudad y mi movilidad en ella, me permite disfrutar de momentos libres y puedo asegurar que ha mejorado mi calidad de vida. Todo eso sin incluir el beneficio económico, el cual es bastante bueno, pero viendo los beneficios se vuelve algo no tan importante. Los invito a tomarse un tiempo en su vida y pensar realmente qué es una necesidad y qué es una costumbre.

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