por Juan Carlos Salazar  

            Del acrónimo en inglés de “Not in my back yard”, usado como palabra el NIMBY es el ciudadano que se opone a los proyectos que serán desarrollados en las cercanías de sus viviendas. Es un síndrome muy común alrededor del mundo y Guatemala no es la excepción. Es un síndrome que se agrava cuando personas externas al sitio tienen intereses y se encargan de inseminar con exageraciones o ideas equivocadas.

            El NIMBY es el síndrome de los pobladores cercanos a nuevos proyectos de generación. Alguien les metió en la cabeza que los desarrolladores de estas plantas son gente mala y que les van a acabar la vida como la conocen. Les van a envenenar el agua. Les van a matar toda la naturaleza. Van a traer a gente de otros poblados, gente diferente a ellos. Gente con ideas diferentes. Gente con educación diferente.

            No es muy distinto lo que pasa con las poblaciones cercanas a la palma africana, la nueva planta cementera, o las ampliaciones de las carreteras. En todos los casos vemos una mezcla de los mismos elementos, aunque no siempre en la misma prioridad. Sin embargo, comparten elementos en común; el miedo a la gente y el miedo al cambio. Estos dos elementos son tierra fértil para que cualquier persona siembre miedo, o mejor dicho terror, en la mente de los pobladores. Tomar las armas y defenderse contra el maldito progreso es una labor de toda la comunidad. Queremos energía barata, pero que no construyan en nuestra área. Queremos trabajos que nos paguen mejor, pero sin que construyan la planta cerca de mí.

            Este es un problema de gente del campo. Es un problema de gente que no puede ver para enfrente. Son personas que se creen todo lo que les dicen. Son personas de poca educación. Mentira, mentira, mentira y mentira.

            Conozco dos casos en las zonas más prestigiosas y privilegiadas de la Ciudad, zonas de gente “educada” en donde los vecinos reaccionan de la misma forma. De los dos casos, participo activamente en uno. En el que no participo, y puedo contar, es el de un grupo de personas quiere o quería hacer un parque. Este grupo, apoyados por la Municipalidad de Guatemala, se topó con otro grupo de vecinos que se negaron rotundamente a la realización del parque. Hubo problemas de comunicación por parte de la Municipalidad, hubo problemas de concepto y seguro hasta hubo problemas con el nombre del parque. ¡Pero era un parque!

     De gratis me metí en las conversaciones de Facebook defendiendo mi opinión de por qué un parque es beneficioso para los habitantes de la ciudad. Exponerme y escuchar ideas contrarias a las mías es un ejercicio de crecimiento. Las respuestas fueron enormemente hostiles y las recibí sin problema pues las principales respuestas iban en la línea de tenerle miedo a otras personas, personas diferentes a uno. Sigo pensando lo mismo, que si todos fuéramos iguales sería bien aburrido.

            Para evitar estos problemas hay mucho que hacer.  Para los desarrolladores las reglas deben de ser claras y no sujetas a interpretaciones de los vecinos. Consecuentemente, la palabra de los desarrolladores debe de ser respaldada siempre por acciones positivas, que construyan futuro y no solamente presente. De la misma manera, las autoridades deben velar porque exista un beneficio para todos los involucrados.

            ¡O vamos en el tren, o vemos pasar al tren, pero por favor no nos paremos en el camino del tren!

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